sábado, 27 de septiembre de 2008

Hierbas ESQUEJE DE SAUCE LLORÓN

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La verdad es que el sauce, variedad llorón, (Salix babilónica) no entraba dentro de mis planes como bonsái, pero me comentaron que era muy fácil que prendiera desde esqueje y probé a experimentar.

Cogí varias ramas de 1 cm. de diámetro de un sauce cercano. Lo hice en pleno agosto ya que el esqueje de sauce prende en cualquier momento.



Los sumergí en agua ayudando al proceso con hormonas de enraizamiento en polvo. Todo ello a la sombra.


Detalle



A los 10 días ya se aprecian las puntas de algo parecido a raíces y hasta alguna hojilla.



Fueron tantas las raices que salieron que un mes después ya los transplanté a maceta en una mezcla de sustrato 50 % akadama y 50% turba.



A la primavera siguiente fue plantado en tierra y se dejó crecer sin controlarle mucho ofreciendo en verano este aspecto con una gran cantidad de ramas.



Pasado un año desde que se plantó en tierra, llegó el momento de ver como tenía las raices para poder recortarlas y que no se desmadrara



Por lo que se vió, la raiz del sauce tiene tendencia a desarrollar la pivotante y aquí la prueba. Vemos la zona donde nació la raiz del esqueje y su desarrollo longitudinal.



Así estaba el arbol recién sacado



Y el detalle del corte de la pivotante para que desarrolle raicillas más finas.



Se podaron las ramas para que en primavera crezcan con un poco más de criterio y para compensar también el corte de las raices.



Y de nuevo a la tierra a esperar la primavera. Este sistema de esqueje con el sauce llorón funciona a las mil maravillas y te permite además enraizar esquejes mucho más anchos que este.

Hierbas Higuera, desde esqueje a prebonsai

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Con este ejemplo se puede explicar cómo podemos empezar en el mundo del bonsái de una manera fácil y con un poco de paciencia obtener buenos resultados a medio plazo.
Para empezar tenemos que escoger una especie que sea de crecimiento "rápido" (esto es relativo en el mundo del bonsai) como por ejemplo la higuera. La idea puede ser empezar a partir de esqueje o incluso haciendo un acodo, ya que esta especie responde muy bien a él. En este caso empezaremos desde una ramita muy fina, desde un esqueje al cual espolvoreamos hormonas de enraizamiento para llegar a crear en un plazo razonable un prometedor prebonsai. Pues manos a la obra. Este es un esqueje de higuera de una rama fina que planté en una maceta normal a finales del 2003. En la primavera de 2004, unos meses después, podéis ver como empieza a sacar hoja dando a entender que ya ha enraizado, con las higueras, la verdad que es muy fácil.
Se plantó en suelo aunque valdría lo mismo una maceta ancha de entrenamiento. Se dejó crecer durante 2 años dejando que alcanzara alturas de ramas de 1.50 m. y podando en invierno para ir dirigiendo las ramas a nuestro interés. No tengo fotos del proceso, pero se puede imaginar, la higuera crece rápido y da unas ramas gruesas que hay que ir podando en corto. Esta es una foto de este invierno donde ya la podé para poder plantear el siguiente paso. Sellé las heridas, como veis.

Un poco antes de lo normal (primavera) he procedido a sacarla de la tierra. La verdad es que costó un poco pues desarrolla muchas raices. La ligera curva que se ve en el tronco en el esqueje se ha convertido en esta bonita curva del tronco 2 años después, que seguro nos dará una bonita zona de arranque desde el nebari hasta el inicio de las ramas.


Se cortan las raices en general y las que no sirven para resaltar el nebari, sellando las heridas. La idea con esto es crear un pan de raices lo más plano posible para cuando plnatemos en arbol en maceta e bonsai.

Se procede al plantado en una maceta de entrenamiento de plástico más ancha que profunda para que las raices se desarrollen en horizontal y empezar a partir de primavera a formar lo que en unos años será un bonsái.


viernes, 26 de septiembre de 2008

Patio Abono para el Bonsái

Patio Carencias

En ocasiones pueden darse situaciones de carencia de uno o varios de estos elementos, pues es posible que no se encuentren en cantidad suficiente en el sustrato o que, por el motivo que sea, no resulten accesibles para la planta en ese momento. Las causas que pueden llevar a un elemento a no ser accesible para la planta son bastante variadas, pudiendo ir desde un PH inadecuado en el sustrato, hasta que la simple falta de otro elemento impida su correcta absorción.
En cualquier caso conviene estar siempre atento a los síntomas mostrados por la planta y actuar de inmediato aportando un extra del elemento problemático, o del conjunto de ellos, si no se desea poner en peligro el árbol.

Repasando la lista de elementos esenciales tomados del sustrato (los elementos obtenidos de la atmósfera no presentan estos inconvenientes pues siempre se encuentran disponibles), podemos clasificar las siguientes tipologías:

Nitrógeno:
El síntoma más evidente de una carencia de nitrógeno es una clorosis general por toda la planta, pero especialmente más acusada en las hojas viejas e inferiores. Por clorosis se entiende una falta de clorofila apreciable en unos tonos de verde mucho más claros en las hojas, llegando incluso a volverse completamente amarillas.
En los casos más graves las hojas amarillean para luego quemarse y caer. Las hojas jóvenes permanecen verdes más tiempo ya que todavía pueden obtener ciertas cantidades de nitrógeno procedentes de las hojas más viejas. También puede darse el caso en algunas especies de que aparezca una coloración púrpura como resultado de la acumulación de pigmentos de antocianina.
Por el contrario, un exceso de nitrógeno se manifiesta en un follaje abundante, de color verde oscuro con hojas de gran tamaño y un sistema radical muy reducido, algo nada deseable en bonsái. Entre otras cosas porque puede llegarse a la situación de que las raíces sean incapaces de aportar el agua necesaria por toda la masa de follaje desarrollado. La floración y fructificación también suele verse retardada si existe un exceso de nitrógeno.

Los suelos suelen presentar carencias de nitrógeno con una mayor frecuencia que de cualquier otro elemento. Buena parte del nitrógeno presente en el suelo se encuentra en forma de compuestos orgánicos poco aprovechables por la planta, es tarea de un cierto tipo de bacterias descomponer estos compuestos para liberar el nitrógeno en dos formas iónicas fácilmente asimilables por la planta: nitrato y amonio. Estas formas iónicas se absorben y utilizan de forma muy rápida, entre otras cosas porque se disuelven con relativa facilidad, pero también hay que tener en cuenta que son retenidas por el sustrato con una cierta dificultad por lo que los sucesivos riegos arrastran buena parte de ellos. De todas formas el nitrógeno de origen orgánico es el más indicado para su uso en bonsái ya que actúa con una mayor lentitud y permanece en el sustrato por mas tiempo.
El nitrógeno así obtenido nitrógeno se utiliza como materia prima en multitud de compuestos por lo que suelos pobres en este elemento provocarán un lento desarrollo general de la planta. Además se trata de una sustancia necesaria para que la planta pueda llegar a utilizar los fosfatos contenidos en el suelo, lo cual incrementa aun más su importancia.

Fósforo:
Un síntoma característico de la deficiencia de fósforo es el enanismo que presentan estas plantas, al mismo tiempo que las hojas presentan un color verde oscuro. También resulta factible la aparición de pigmentaciones rojizas por la acumulación de antocianinas. Las hojas más antiguas adquieren una coloración café antes de morir.
En general la falta de fósforo dificulta el crecimiento y la madurez de la planta. Se trata de un elemento presente en numerosas proteínas, especialmente en áreas de rápido crecimiento como por ejemplo las puntas de las raíces, yemas, frutos, etc.
Un exceso de fósforo acelera los procesos de maduración y hace que la raíz se desarrolle en una mayor proporción que la parte aérea.

Por importancia se trata del segundo elemento limitante, tras el nitrógeno, en los suelos. Se suele presentar en dos formas iónicas distintas que se absorben a velocidades, la proporción de cada una vendrá marcada por el PH del sustrato lo que en resumidas cuentas hace que en suelos ácidos su absorción sea más rápida que en otros de PH más básico.

Potasio:
Los síntomas de carencias de potasio aparecen antes en las hojas más antiguas, en forma de una ligera clorosis rodeando a zonas necrosadas de color oscuro. Esto es así ya que se trata de un elemento que se transporta desde zonas más antiguas, donde se acumula, hasta las zonas en crecimiento cuando surge la necesidad. Estas zonas necrosadas son porciones de tejido muerto que aparecen con una mayor frecuencia en las puntas y bordes de las hojas, y entre las nervaduras de éstas. Otro síntoma es la presencia de tallos débiles que resultan fácilmente dañados por la acción del viento o la lluvia. Una escasa producción de flores y frutos suele ser también sintomática.

Es la tercera deficiencia más común en los suelos detrás de las dos anteriores. El potasio es un elemento esencial en los procesos de respiración, fotosíntesis y división celular, además de ser uno de los elementos que ayudan a mantener la turgencia en la planta. Actúa de catalizador para que otros elementos puedan realizar sus trabajos, además de ser un elemento que ejerce un cierto control sobre el nitrógeno evitando crecimientos frondosos y blandos en exceso. También contribuye en la formación de clorofila.

Azufre:
Un síntoma típico de su falta es una clorosis general en la hoja, incluyendo venas, generalmente empezando por las más jóvenes. El sistema radical suele debilitarse bastante ante carencias de azufre.
Las hojas también pueden absorber azufre a través de los estomas en forma de dióxido de azufre en estado gaseoso. Este compuesto es un subproducto habitual de determinados tipos de combustión que resulta bastante contaminante, pues al ser absorbido inicia toda una serie de procesos químicos que acaban por inhibir la fotosíntesis y por destruir la clorofila. Aparece lo que comúnmente se denomina "Lluvia ácida".

A diferencia de los anteriores, las raíces toman solo las cantidades de azufre que necesitan dejando el resto para ser lavado por el agua de riego. En realidad suele ser poco frecuente encontrarnos con deficiencias de azufre ya que abunda en la mayoría de los suelos. Es un elemento que forma parte de gran cantidad de proteínas.

Magnesio:
El magnesio es uno de los elemento involucrados principalmente en la formación de moléculas de clorofila. Por lo que el primer síntoma que se produce en ausencia de magnesio es una clorosis en las hojas mas viejas, concretamente entre sus venas, ya que por motivos todavía no de demasiado claros las células situadas en los haces vasculares retienen la clorofila durante más tiempo.

Calcio:
Las carencias aparecen primero en los tejidos más jóvenes, tanto en raíces, tallos como hojas, en forma de tejidos retorcidos y deformados. Es un elemento muy importante en la formación de las paredes celulares, además de en la distribución de azúcares, responsable en buena medida de un vigoroso crecimiento de raíces y ápice. Actúa también como catalizador facilitando la disponibilidad de otros elementos como el fósforo y el potasio.

En la mayoría de suelos suelen existir cantidades suficientes de este elemento como para que no se produzcan carencias, aunque en suelos ácidos con abundantes lluvias o riegos puede llegar a ocurrir. Sobretodo si se usa agua osmotizada.

Hierro:
Las plantas con carencia de hierro presentan también una acusada clorosis entre las venas de la hoja, pero a diferencia de lo que ocurría con el magnesio esta clorosis aparece primero en las hojas más jóvenes. En caso de una grave deficiencia de hierro toda la hoja puede acabar amarilleando o incluso llegando a tomar una coloración blanquecina con amplias zonas necrosadas. En realidad lo que sucede es que las carencias de hierro inhiben la formación de clorofila, a pesar de que este no forma parte de la molécula de clorofila en sí.

Se trata de un elemento que en ocasiones se cataloga como macronutriente a pesar de que se requiere únicamente en cantidades muy reducidas. En suelos básicos, o incluso neutros en determinadas circunstancias, el hierro puede encontrarse bloqueado en el sustrato convirtiéndose en inaccesible para la planta que acabará desarrollando carencias. Excesos de fosfatos, metales pesados, mal drenaje e incluso exceso de riego pueden llevar a esta desafortunada situación.

Cloro:
A pesar de que es relativamente raro que se produzcan carencias de este elemento, pues el cloro se encuentra presente en agua y sustratos gracias a su gran solubilidad, e incluso es arrastrado por el viento, los síntomas de una falta de cloro son: escaso crecimiento, marchitamiento, aparición de zonas con clorosis y tejidos necrosados. Las raíces disminuyen su longitud al tiempo que se hacen más gruesas y en ocasiones las hojas pueden adquirir tonalidades marronosas.

El cloro es uno de esos elementos que la planta va a tomar en grandes cantidades, hasta cien veces más de lo que realmente necesita. Una de sus funciones principales es la oxidación del agua, es decir la ruptura de la molécula de agua llevada a cabo durante el proceso de fotosíntesis.

Manganeso:
A pesar de que no sea una carencia de las más frecuentes, algunos síntomas son manchas de tejido muerto y clorótico dispersas por la hoja.

Se trata de un catalizador de gran importancia para el metabolismo vegetal. Contribuye a la asimilación del dióxido de carbono y a la acción de diversos enzimas.

Boro:
Las carencias de este elemento no son nada habituales aunque en ocasiones se producen patologías relacionadas con la descomposición de tejidos internos. Los síntomas son de lo más variado dependiendo de la edad y la especie, pero tienen en común una falta de crecimiento general de toda la planta, aunque en ocasiones también puede producir anormalidades en el desarrollo.

Su función la verdad es que todavía no se ha determinado con precisión. Se absorbe casi siempre en forma de ácido bórico sin disociar y su distribución por los tejidos es algo lenta.

Zinc:
Su carencia con frecuencia se manifiesta en forma de hojas muy pequeñas, y una notable disminución en el desarrollo de los internudos. En ocasiones se produce una cierta clorosis que indica que el zinc toma parte en los procesos de formación de clorofila, o por lo menos impide su destrucción.

El zinc se absorbe muy a menudo en forma de quelatos de zinc. Se trata de otro catalizador en el metabolismo del planta siendo importante en los procesos de respiración. También es muy posible que participe en la formación de hormona de crecimiento, auxina, por lo que su falta sería la responsable del poco desarrollo de tallos e internudos. Al mismo tiempo el zinc forma parte de multitud de enzimas necesarias para el buen funcionamiento de la planta.

Cobre:
La falta de cobre se aprecia por unas hojas jóvenes de un verde oscuro, deformadas y arrugadas y en ocasiones con rastros de necrosis.

Se trata de un elemento que se necesita en cantidades muy pequeñas, así que es realmente raro encontrar deficiencias de cobre. A pesar de todo es una posibilidad a tener muy en cuenta incluso en plena naturaleza ya que, por ejemplo, muchos suelos en Australia son extremadamente pobres en cobre, además de otros micronutrientes como el zinc, el molibdeno, etc.. También es importante tener en cuenta que hay que ser muy cuidadoso con los aportes extra de cobre pues rápidamente pueden alcanzarse los niveles de toxicidad. En realidad el margen entre la carencia y la toxicidad por exceso es muy estrecho para este elemento. El cobre se encuentra presente en diversas enzimas y proteínas.

Molibdeno:
Los síntomas de su falta pueden ir de una clorosis en la parte de la hoja situada entre las venas de las hojas más viejas, o incluso en pleno tallo, avanzando hasta las hojas más jóvenes, hasta el desarrollo de hojas retorcidas y deformes.

Realmente se sabe muy poco sobre como es absorbido o como se procesa en el interior de las células de las plantas, quizá por el hecho de que sea un elemento utilizado en cantidades traza, es decir, en cantidades realmente minúsculas. Parece jugar un papel en los procesos relacionados con el nitrógeno. Es quizá el elemento necesitado en menor cantidad de todos los listados por lo que su carencia es algo realmente raro. A pesar de eso pueden llegarse a producir en suelos muy deficitarios en este elemento como son los australianos, al igual que pasaba con el cobre.

Níquel:
Se trata de un elemento esencial que forma parte de determinadas enzimas necesarias para evitar la excesiva acumulación de urea en los tejidos vegetales. Las extremas carencias de este elemento provocan una acumulación de urea tal que las puntas de las hojas llegan a necrosarse ya que la enzima encargada de su eliminación no puede formarse. Cultivando en ambientes muy pobres en níquel puede llevar a la situación de que las semillas se conviertan en no viables siendo incapaces de germinar.

La mejor forma de evitar problemas de carencias es evitarlas en la medida de lo posible. Para ello hay que empezar cuidando el sustrato en que se planta: su capacidad de drenaje, de intercambio iónico, su composición, etc. Seguidamente se debe cuidar también el agua de riego. Esta debe ser lo más pura posible, pues cualquier sustancia extraña que transporte se irá acumulando en el sustrato y puede llegar a dificultar la absorción de algunos elementos esenciales, aunque solo sea por el simple método de modificar las condiciones del sustrato. Y finalmente debe prestarse especial atención a aquellos elementos que se añadan deliberadamente al sustrato, ya sea en forma de abonos, ya sea en forma de complementos: los excesos pueden ser tanto o más problemáticos que las carencias.En general se suele recomendar el uso de abonos de origen orgánico ya que dado su forma de funcionamiento, deben ser descompuestos por bacterias, el aporte de elementos es pausado y muy variado. Se evitan así los riesgos de sobredosis o de carencias de aquellos elementos que no vayan incluidos en la fórmula del abono químico utilizado. También es cierto que en ocasiones es útil, o incluso recomendable, el uso de abonos químicos. Precisamente ante situaciones de carencias concretas puede ser una forma rápida de solventarlas, siempre que el abono contenga el elemento problemático, claro está. Además de proporcionar un elemento de control más sobre la planta, como por ejemplo los abonos libres de nitrógeno usados de cara al otoño. En cualquier caso siempre se debe ser muy cuidadoso con el uso de estos abonos químicos pues un error en la dosis puede resultar fatal para la planta. Y además hay que tener presente que uno puede cultivar perfectamente usando casi exclusivamente abonos orgánicos, mientras que no siempre es posible decir lo mismo de los químicos. Como casi siempre se debe buscar un compromiso. Un equilibrio.


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Patio Clasificación según su estilo: Enraizado en roca (Ishizuki)(IX)

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  • Enraizado en roca (Ishizuki):Ishizuki es un término que hace referencia a un árbol agarrado a una roca, por lo que en este caso tenemos una composición de tres elementos: el árbol, la roca, y la maceta. De los cuales la roca suele ser el preponderante, a discreción del autor, aunque siempre se debe buscar un equilibrio.

  • Este estilo se da en la naturaleza en lugares en los que el árbol se asienta sobre salientes y grietas en las rocas. Conforme la planta va desarrollándose, las raíces se ven obligadas a deslizarse entre las grietas buscando humedad y nutrientes hasta que por fin encuentran el suelo, momento en el cual empiezan a engordar de forma muy rápida. Con el paso del tiempo y la exposición a las inclemencias atmosféricas, las raíces situadas sobre la roca se van recubriendo progresivamente de una corteza que llega a confundirlas casi completamente con el tronco, al mismo tiempo que adquieren un aspecto cada vez mas aplastado siguiendo perfectamente los más mínimos relieves de la roca sobre la que se asientan.

  • Dentro de este estilo se pueden distinguir dos variantes: la primera es aquella por la cual las raíces abrazan la roca, y la segunda consiste en plantar el árbol en alguna oquedad dentro de la misma roca. Mientras en el primer caso solo participan tres elementos en la obra, árbol, roca y maceta, en el segundo pueden aparecer diversas plantas de acompañamiento o incluso árboles que acaben de complementar el conjunto.

  • Un método empleado para la creación de este estilo en su primera variante, resulta bastante similar al descrito en el caso de Neagari. Se trata de usar un cajón de cierta profundidad en el que plantaremos el árbol con las raíces ajustadas a la roca lo mejor posible, y fijadas a ella mediante alambres cuando sea necesario. Conforme pasa el tiempo se va descubriendo una porción creciente de la parte superior de raíces y roca para que éstas vayan adquiriendo la corteza característ

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jueves, 25 de septiembre de 2008

Hierbas Clasificación según su estilo: Múltiples Troncos (Kabudachi)

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  • Múltiples Troncos (Kabudachi):Este estilo se caracteriza por tener tres o más troncos partiendo de un único punto. En la naturaleza esta situación se puede producir cuando varias semillas han caído juntas en un mismo lugar, tras germinar y conforme los diferentes plantones se desarrollan, éstos van fusionándose uno tras otro por la base.

  • De igual forma es un estilo que puede formarse en variedades con tendencia a generar chupones por la base. Podemos recrear un ejemplar de este estilo potenciando la aparición de chupones en especies con tendencia a crearlos a base de podar severamente, eso sí se debe tener cuidado para que el exceso de chupones no acabe matando el tronco original.

  • Otra forma de conseguir un kabudachi consiste en plantar diversos árboles jóvenes atados por la base de forma que cuando estos se desarrollen acaben por fusionarse en el punto en que se ha producido la ligadura. Al distribuir los troncos se deberían tomar algunas precauciones de forma que todos resulten visibles, sus separaciones sean variables y que ninguno cruce por delante de otro.Al igual que en el caso anterior, las alturas y grosores conviene que sean variables siendo el tronco más alto también el de mayor calibre. De igual manera que se hace en las agrupaciones de árboles individuales, el follaje de los diferentes troncos se debe trabajar teniendo en cuenta todo el conjunto buscando un perfil general que se aproxime a una forma triangular.

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Hierbas Clasificación del Bonsái según su estilo (IV) Han Kengai

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Semi cascada (Han Kengai):Según el criterio de la inclinación del tronco, un árbol clasificado como semi cascada tendría una inclinación, siguiendo la línea del tronco, que podría oscilar entre un máximo de unos 45 grados por encima de la horizontal y unos pocos grados por debajo de la misma. En cualquier caso dado que un bonsai en estilo semi cascada nunca cae por debajo de la maceta, éste suele ser el criterio más comúnmente aplicado por delante de consideraciones sobre la inclinación. Son árboles fácilmente localizables en la naturaleza, cerca de alguna pendiente escarpada, sobre la orilla de lagos o ríos en cuya superficie se refleja buena cantidad de luz, y por tanto la planta adquiere esta tendencia de crecimiento, etc.Para este diseño, quizá más que para cualquier otro, la dificultad radica en conseguir una planta que sea capaz de trasmitir sensación de estabilidad puesto que el tronco, al prolongarse de forma casi horizontal, requiere de una importante base de raíces que funcione como anclaje. Manteniendo este punto en mente, la distribución más adecuada de las raíces no deja de ser similar a la comentada para el estilo inclinado.Otro punto delicado podemos encontrarlo en la distribución de ramas; generalmente uno podría pensar en aplicar una distribución similar a aquella aplicada en los estilos verticales, pero teniendo en cuenta que lo que sería el frente en un vertical, pasaría a ser la cara inferior del tronco al ser inclinado hasta casi la horizontalidad. Se trata de una posibilidad, ciertamente, pero para evitar resultados faltos de equilibrio hay que tener en cuenta que básicamente estamos tratando con un tronco muy cercano a la horizontal, y que por tanto al formar los típicos pisos en el follaje uno puede encontrarse con un resultado completamente plano. Una forma de solventar este problema es asegurar la presencia de curvas en todos los planos.Descuidar la inclusión de ramas traseras es igualmente un error bastante común en este diseño y que resulta en una importante pérdida de profundidad.Finalmente nos encontramos aun con un último problema, quizá más importante que los anteriores y en ocasiones de más difícil solución. Se trata de la dificultad para formar un ápice adecuado y dónde colocarlo. Tres son los puntos principales donde suele colocarse el ápice: En un punto situado alrededor de los dos tercios de la longitud del tronco, en un punto situado a un tercio de ésta, o formar el ápice a modo de contrapeso aproximadamente sobre la curva inicial que provoca la inclinación del tronco.

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Novedades Jardín oriental

Novedades Los japoneses consideran que el mundo es tal y como la imaginación lo crea. No se distingue de uno mismo, de los sueños y la locura. El universo está en constante cambio, en continuo proceso de creación y destrucción, de vida y muerte. Nada es estático, nada permanece y así como las nubes cambian de forma y las estrellas el firmamento, así se mueven las montañas y los valles, aunque demasiado despacio para que lo aprecie el ojo humano. Según una tradición milenaria, dos grandes fuerzas opuestas se revelan en este proceso constante, el yin y el yang , representantes de cada polo sexual. Cada elemento del paisaje pertenece a una y tiene, por tanto, un atributo sexual. El paisaje ideal es el producto del equilibrio de ambas Unas complejísimas premisas filosóficas son la base del increible y sutil arte de la jardinería en Japón. Esta tradición se plasma en el sakuteiki, uno de los primeros manuales sobre jardinería escrito por Tachibana Toshituna (1028-1094). Se basa en el Feng Shui, arte universal de equilibrar y armonizar el flujo de energías naturales en el entorno para crear efectos beneficiosos en la vida de quien lo practica. De esta forma, si se disponían los objetos de una manera que no fuera la correcta, era un símbolo de mal presagio. El sintoísmo, por su parte, difundía la creencia de que el mundo está repleto de espíritus, y que estos habitan en las rocas, el agua o las plantas de tal forma que, para no desatar su cólera, se había de extremar el cuidado y las atenciones a estos elementos. Elementos naturales Estos jardines, despojados de toda suntuosidad, seducen por la sabia combinación de piedras, arbustos y arena, reflejando la sensibilidad de los japoneses y su amor a la naturaleza. El surco de agua que simula el recorrido de un río es altamente apreciado porque trae al jardín el sentimiento del valle, mientras que las rocas enterradas hasta más de la mitad de su volumen permiten lograr una mayor naturalidad de las montañas. Así, los jardines japoneses cumplen con la finalidad de servir como lugar de meditación donde el ser humano puede interpretar lo que presencia a su modo, concentrando la energía hacia el interior de su espíritu. En el mundo occidental, se intenta copiar esta forma de crear y cuidar el jardín. Sin embargo, la mera preocupación por lo estético que parecen tener estas réplicas no se tiene en su origen: en Japón, se huye del adorno fácil, tiene su origen en las creencias religiosas y busca una armonía mágica con el entorno y los elementos naturales. Las rocas son elementos con gran fuerza simbólica, por lo que la elección de la piedra ha de realizarse con sumo cuidado. Debe tener formas artísticas, aunque lo importante es saber aprovechar las ventajas naturales de la roca escogida usando, por ejemplo, las más planas en la confección de cascadas. En cuanto a la disposición de flores y plantas, no debe haber abundancia de canteros y motivos florales. La flor debe ser un toque de distinción, porque de lo contrario desviaría la atracción visual. Un jardín sobrio y visualmente panorámico es el secreto de la elegancia. La importancia del agua El agua es uno de los principales elementos en los jardines orientales, y debe dar la sensación de que brota de la vegetación. Los conocidos como 'sansui' eran unos jardines grandiosos que se podían recorrer en barca, surcando el agua del arroyo o de los lagos artificiales con islas . El estanque era el centro de atención, de forma que todo el diseño del jardín giraba a su alrededor y, aunque éste no se encontrase necesariamente en el medio, sí ocupaba un lugar privilegiado. En los lagos, tiene suma importancia el lugar por donde penetra el agua, normalmente en forma de cascada, que debe ser un punto de interés donde se centre la atención. Además, no es conveniente que pueda verse totalmente desde ningún punto del jardín. Las cascadas son otro de los elementos característicos de este tipo de jardines, ya que introducen el sonido y el movimiento en el diseño general, de forma complementaria a la del viento que mueve los árboles y el follaje. Y, por supuesto, también relacionados con el agua, están los puentes, siendo el más característico el constituido por una única laja de piedra o sustituyéndola por un material más barato y menos noble como la madera. Las islas sirven también para crear otros focos visuales de interés. También existen los jardines secos, que sustituyen el agua por la grava, marcando en ellas formas naturales, simulando arroyos, etc. Las piedras que sobresalen en grupos son, ni más ni menos, las islas donde reposan los elegidos en paz. Son las rocas las que cobran especial importancia y el concepto fundamental es el del equilibrio, equilibrio implícito, asimétrico de formas y esquemas, el equilibrio entre las formas y los colores, el agua y el follaje, entre lo vacío y lo lleno.